lunes, 23 de marzo de 2015

Las pastillas milagrosas o el milagro de las pastillas

Vivimos en una sociedad cambiante. Todo es rapidez, velocidad, imágenes, estimulación e instantaneidad. Parece una pérdida de tiempo dedicar algo de tiempo a pensar, hablar, sentir o aprender. Lo que queremos, lo queremos ya, y además lo queremos todo porque tenemos derecho a todo. Pero muy pocos nos paramos a pensar que las cosas llevan su tiempo, que no podemos tener todo, ni tenemos derecho a todo. Entonces aparece la frustración, las malas conductas, los fracasos y los problemas.
Con los niños ocurre lo mismo, pero no tienen nuestra perspectiva vital y para ellos es lo normal. Por eso es importante el trabajo de padres y profesores para relativizar las situaciones y enseñarles el valor del esfuerzo, la dedicación, el empeño y la superación personal.
Los traumas infantiles no se crean por un suspenso, un negativo, una corrección o una recriminación, porque tengan que repetir un escrito o porque tengan que leer siete veces un texto para entender lo que pone. Me parece mucho más peligroso intentar evitarles todos los fracasos, sufrimientos y conflictos; y mucho peor aún evitarles las responsabilidades de sus actos, porque crecerán en la impunidad y no tendrán mecanismos propios para afrontar los problemas de sus vidas.
Esta “velocidad vital” hace que necesitemos resolver nuestros problemas de la forma más rápida posible: tengo fiebre, me tomo un antitérmico; no puedo dormir, me tomo una pastilla; me siento triste, me tomo una pastilla; estoy estresado, me tomo una pastilla; mi hijo no para, es hiperactivo y le ponen medicación… cuando posiblemente con una mejor higiene del sueño, un cambio en mi estilo de vida, una mejor alimentación o una normas bien señaladas y mantenidas podrían solventar la situación, aunque es cierto que no de forma tan rápida y aséptica.
Este pensamiento viene como consecuencia de la lectura de una entrevista realizada a Allen Frances, un psiquiatra americano que supervisó la edición del DSM-IV, publicado en 1994, y que está en contra de algunos aspectos de la 5ª edición porque considera que desde la 4ª se viene abusando del uso de medicación en las enfermedades mentales, y especialmente, que se está considerando enfermedades a situaciones vitales dentro de la normalidad, pero que pueden ser desagradables o mal vistas.
Comenta este psiquiatra que las empresas farmacéuticas están ejerciendo una gran presión y una gran influencia a todos los niveles, y que debido a ello nos medicamos más de lo que necesitamos. Y el resultado que se pretende es que exista una “normalidad” oficial  y controlable. Con lo que se perderían muchas de las diversidades humanas que son las que han ido moviendo el mundo.

Quizá debamos pararnos a pensar un poco en lo que es más importante, o lo que va a resultar más positivo para el día de mañana y dedicar tiempo a conocernos, a aprender, a aprender de los errores y a disfrutar de nuestra vida, aunque no siempre sea como en las películas, o en los videojuegos.

Mª Dolores Fernandez Zan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario